Ahora que ya tengo el título, dejo aquí una reflexión que escribí en 2º de bachillerato, concretamente allá por junio de 2020.
Desconozco la razón por la que hago esto. No entiendo por qué estoy haciendo selectividad, ni por qué pago dinero para obtener un título o por qué memorizo una gran cantidad de párrafos que hablan sobre historia, literatura, lengua e infinidad de temas que no me interesan y puedo sobrevivir sin ellos, por no mencionar que el año que viene ya no recordaré ni un 5% de lo que "aprendí". Quizás sea porque si no tengo este título me harán creer que no seré nadie en el mundo laboral, quizás lo ha impuesto la sociedad, o simplemente, sea por pura conformidad de los de arriba y no les interese modificar las leyes.
Todos estos temas los vomitaré en un par de folios, a 30 °C y con una mascarilla en la cara. Durante la deglución, intento que entre oxígeno en mis pulmones y evitar que me suden las manos, debo también tratar de relajarme (cosa que ningún profesor ha enseñado). Mientras ocurre esto pienso en que por ahora solo sé que ponerse nervioso, es malo y que es más importante la vida de Goya que gestionar el estrés. Me alivia el hecho de que si los exámenes me salen suspensos tengo una segunda oportunidad más adelante, pero al instante pienso en lo que supondría para mi saber que no he sido igual de bueno que los demás y necesito segundas oportunidades. No me han enseñado estrategias de afrontamiento, por lo que tampoco puedo hacer mucho más, si suspendo lo hago otra vez y punto, sé que debo ignorar mis emociones. Al rato fantaseo con un escenario en el que tuviera la oportunidad de explorar los temas que realmente me apasionan, un sistema donde me mostraran las herramientas para distinguir entre información veraz y falsa, un lugar donde pueda aprender más sobre esos temas tabú los que nadie me habla.
"¡Pero qué radical! ¿Realmente este chaval quiere aprender cómo actúa la cocaína en el cerebro pudiendo conocer la biografía de Unamuno?, y… ¡Con lo importante que es hacer una integral y me pregunta cómo puede gustarle más a Lucía! Esta juventud está perdidísima, se dedican a ir al gimnasio y comer proteína en polvo antes que estudiar la constitución de 1812".
Y de cara al largo plazo, la realidad es que si no distingues entre un complemento de régimen locativo y un complemento circunstancial de lugar, entonces será difícil que seas médico, periodista, ingeniero o abogado. También existe el caso de que mi familia haya ahorrado el dinero suficiente para pagarme una universidad privada, así parece que no estoy tan perdido, saco menos nota que los demás y ala, a la educación privada. Accedo por la vía rápida a una educación con connotación negativa porque ‘es de ricos’ y con un dinero que nadie me ha enseñado a gestionar.
Según el índice de países con mejores sistemas educativos, son Corea, Japón o Singapur los que encabezan la lista. No es casualidad que los mismos países tengan también el índice más alto de suicidios en adolescentes. Quizás algo de educación en lo que realmente importa no estaría de más. Nutrición, salud, primeros auxilios, declarar a hacienda, sexología, información sobre fármacos y gestión emocional, entre otros.
Mientras haya chavales en el parque oliendo a cannabis y chavalas al borde del coma etílico todos los fines de semana, el sistema tiene alguna tarea pendiente. Ánimo y mucha suerte a todos.
Ahora que he terminado la carrera puedo decir que he visto algunas paradojas (o quizás no lo sean tanto). En la carrera compartes tiempo con gente de notas brillantes en psicopatología y que previamente han sufrido un par de ataques de ansiedad, también con alumnas que saben diseñarte una economía de fichas, pero entre piti y galleta se dedican a scrollear tiktok, o alguna que otra con un sobresaliente en el trabajo de memoria, pero que se ha olvidado de pensar en ella misma, e incluso matrículas de honor que hacen todo tipo de actividades menos amarse a sí mismas. Y el problema aquí no es no tratar los problemas (que también), sino que se premia el logro independientemente del proceso por el que se ha alcanzado. Hemos pasado a preferir el fin sin fijarnos en los medios. Mejor optamos por curar que por prevenir.
No trato de culpar a nadie, cada uno es víctima de su contexto, pero es una realidad que el sistema actual tiene grandes y graves fallas. Se están creando jóvenes (y digo se están porque esto es una responsabilidad social) que se odian a sí mismos, que anteponen la recompensa a corto plazo a cualquier otra cosa y que persiguen lo superficial olvidándose de lo importante.
Escúchate a ti, el éxito profesional es secundario.

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