La ropa que tienes no es tuya, el móvil donde escribes no es tuyo, la imagen de tu cuerpo no te pertenece… Identificarte con ello te hace débil y víctima de tu subjetiva interpretación. Te han hecho creer que puedes adquirir objetos y experiencias. Creo que únicamente la sensación que percibes al ver esas imágenes eres «tú». «Dejar de tener para ser», dijo Siddartha. Lo que realmente importa no puede utilizarse, es ajeno a mi voluntad.
Tampoco sabes hasta cuándo estarás aquí. Asumes que todo seguirá igual mañana, y te portas como si nada fuera a desaparecer. Sin embargo, en el fondo sabes que todo es efímero y volátil, tú también.
No dejes de sorprenderte de las maravillas que se presentan en el día a día. Muestra gratitud por todo lo que te rodea, todo esto es un revuelto de aleatoriedad y caos, ni siquiera tú tendrías porque estar vivo (Y aún hay días que pasas evaluando tu ombligo…). Las cosas que percibe mi yo, no son reales, sin embargo, parecen estar allí (Paradójico…).
Lo que está claro (casi claro), es que reducir la realidad únicamente a las certezas que aporta la percepción, no es muy funcional en la práctica de la ataraxia. Aunque pensando de forma dialéctica, quizás esta vivencia sea la antesala para un escepticismo sano. Al final, todos los sabios nos hablan de ese famoso «despertar doloroso». Reconocer nuestra ignorancia supone un golpe al ego, requiere humildad.
En cualquier caso, a la única conclusión que soy capaz de llegar en este entramado de dudas existenciales es la siguiente:
Poseo una herramienta que puede moldear mi experiencia. Lo complicado es aprender a utilizarla.

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