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«Procesar la realidad» como el reto de la percepción

        Lo fundamental de la frase, «procesar la realidad es el reto de la percepción», es que enfatiza en la importancia de entender que supone un desafío desmantelar todos los engranajes que sostienen la realidad. La complejidad de la estructura que da forma a la existencia de nuestro entorno es de tal magnitud, que solo podemos soñar con una forma de lenguaje que nos permita comprenderla. Cualquier intento de comprender la verdad en su totalidad está condenado al fracaso. 

        El lenguaje es la herramienta que nos permite conocer y comprender. No obstante, nos cuesta asumir que ni siquiera podemos imaginar una forma de lenguaje capaz de acercarse a un entendimiento integral de la verdad. Ante este reto, nuestra percepción sucumbe a utilizar sesgos y otras formas de ahorro de energía. La exposición continuada al enorme reto que supone procesar la realidad, provoca dos resultados en la forma de comprensión: (1) general desde la síntesis; y (2) específica desde el análisis. 

  1. Comprensión general desde la síntesis: El observador suele estar en una posición adaptativa para su entorno. Puede tomar decisiones con cierta seguridad y no se detiene en detalles irrelevantes. Utiliza sesgos que le permitan ahorrar tiempo y energía. Tiende a utilizar procesos automatizados y dependientes de cada contexto. Tiene prejuicios e ideas preconcebidas, pero no se muestra rígido si el medio le obliga a cambiar de enfoque. Un ejemplo serían aquellas personas que viven relativamente cómodas en su cotidianeidad y no se enredan en sus ideas. 
  2. Comprensión específica desde el análisis: El observador se somete un mayor riesgo de sufrir daños innecesarios por su posición desadaptativa. Su meticulosidad le hace perderse entre el paso del tiempo y se enreda la complejidad de los estímulos que le rodean. Un ejemplo sería la psicosis, siendo el brote psicótico la manifestación de todos los síntomas derivados de perderse en la comprensión del entorno.
        Los contextos en lo que vivimos los seres humanos son entornos donde la variación de estimulación requiere de un observador dinámico y flexible (comprensión general desde la síntesis). 
        Esta vez, la batalla es entre la subjetividad y la búsqueda incesante de la objetividad; entre el observador y la incomprensión de la complejidad; entre la interpretación y la realidad. Al psicótico le vence la complejidad, y víctima de su meticulosidad, termina por complicarse en detalles que le provocan la mayor de las incertidumbres: la imposibilidad de distinguir entre percepción e imaginación. 

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