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Aprendizaje diligente

        En un comienzo, intelectual y sabio aprenden al unísono. El estudio es desinteresado por ambas partes. En cierta medida, es tan solo la acumulación progresiva de información lo que comparten. El aprendizaje del intelectual es vagamente lineal; el del sabio crece conforme se somete a una exponente experiencia. 

        El intelectual conoce; el sabio experimenta. El intelectual acumula información y contrasta sus hipótesis con antología previa. Las conjeturas que realiza permanecen en su dimensión idealista, sin aseverar la suposición a la exposición; El sabio comprueba la especulación. Su ventaja no es la ausencia de miedo, sino la presencia de confianza. Se somete al riesgo, y solo así alcanza el empuje en el proceso de experimentación. Se desentiende de los resultados, el proceso es su fin. Confiar le hace libre, y en esa libertad, encuentra su virtud. Hace de la oportunidad de fallar, una experiencia de libertad. Y con ella, aprende que puede conocer.

        ¿Qué le aporta la diligencia al aprendizaje?

        La diligencia procede del latín diligere, que significa cuidar. Forma parte de la virtud de la caridad, ya que está motivada por el amor. La diligencia, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. (*)

        Intelectual y sabio, aprenden. Únicamente el segundo alcanza a conocer. El intelectual habita en el prejuicio, con indiferencia del análisis que le presenta su entorno. A ambos se les presenta la oportunidad de observar los hechos, solo desde la humildad la valoración se transforma en lucidez. El sabio mezcla diligencia y motivación, en el sentido de que, dialécticamente, utiliza eficacia y curiosidad para dar cabida al discernimiento. Solo entrelazando ambos atributos llega a fecundar la sabiduría. Esta sucede del aprendizaje desinteresado. 

        El intelectual conoce; el feliz sabe. Por deducción, la armonía es consustancial al sabio. 


«Si estudian la historia de esa cosa, les aseguro que su idea sobre esa cosa cambiará. Pero la analizan con paciencia, desapasionadamente. Dejándose sorprender». (**)

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