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Lo que la RFT (y ACT) le puede decir a Epicuro

Epicuro de Samos, creador de la filosofía hedonista y contemporáneo a las otras dos escuelas helenísticas (estoicos, escépticos), desarrolla toda una ética que parte del placer y del dolor y los efectos que estos provocan en nuestra conducta. A diferencia de lo que muchos piensan, Epicuro no es un fiel defensor del desfase, el vicio o la lujuria. Todo lo contrario. Epicuro se da cuenta de que existen dos tipos de placeres, si bien, el primer tipo sí que coincide con lo que hoy denominamos placer; El otro puede sorprender. Este segundo tipo de placer es el que realmente merecía la pena perseguir para los epicúreos o hedonistas. Este placer se alcanza en la calma, en la mesura, en la prudencia (phronesis)... Sería un placer más consciente, más templado (de la virtud templanza). 

A partir de esto se da cuenta de una cosa, y es que para él, cualquier persona que tenga las necesidades básicas cubiertas puede ser feliz, porque nada necesita. Como el bien dice:

   El grito de la carne nos ruega que escapemos del hambre, la sed y el frío; pero quien se ha liberado de ella y confía en permanecer así, puede competir en felicidad incluso con el mismo Zeus.

No es necesario preocuparse de nada más mientras tengas comida en tu plato, agua en tu vaso y buen abrigo, la felicidad emana de allí. Esto es lo que Epicuro quiere decirnos, y no solo eso, sino que con estas necesidades cubiertas y con la garantía de que nuestra situación no va a empeorar, podemos sentirnos igual de armoniosos que los mismos dioses.


Viajando algo más de 2.000 años después, en el Departamento de Psicología de la universidad de lo que hoy denominamos Nevada (EEUU), se desarrolla la Teoría de los Marcos Relacionales (TMR o RFT en inglés). 

La RFT fue desarrollada principalmente por Steven C. Hayes y D. Barnes-Holmes, como una teoría contextual-funcional del lenguaje y la cognición humana. Extendiendo el conductismo radical de B.F. Skinner, explica cómo los humanos aprenden a relacionar palabras y conceptos, no solo a través del condicionamiento directo, sino mediante complejas redes de vínculos mentales. 

Tras mucha experimentación, los autores se dan cuenta de que muchas veces el sufrimiento no solo viene de no tener cubiertas estas necesidades básicas. ¿Por qué si no íbamos a sufrir en pleno s. XXI, donde una gran cantidad de países ya cuentan con un nivel de desarrollo muy superior al de las antiguas polis griegas?

La realidad es que estamos dotados de lenguaje, y es precisamente en esta teoría de los marcos relacionales, donde Hayes y Holmes se apoyan para dar explicación a este moderno sufrimiento humano. Para ellos, al venir dotados de capacidades simbólicas más avanzadas que el resto de animales, se nos presenta una herramienta bien sofisticada, lo que llamamos lenguaje. 

Como toda herramienta, este lenguaje tiene grandes ventajas que ya podemos intuir. Pero no todo son buenas noticias, la capacidad lingüística también puede provocarnos una gran cantidad de sufrimiento aparentemente irremediable. El cómo nos hablamos o qué lenguaje nos han enseñado a utilizar al relacionarnos con el mundo tiene un gran peso al hablar de malestar psicológico. 


Si hoy tuviéramos la oportunidad de ver un debate entre estas dos grandes posiciones, Epicteto les diría a estos dos que eso de preocuparse por el lenguaje no es muy útil para solventar el malestar, tan solo hay que vivir con menos y centrarse en el placer de lo más básico. Pero lo que Epicteto ignora, es que el mundo ha cambiado. 

Los factores socioculturales de la actualidad poco se parecen a los de la antigua Grecia. Con la llegada del tiempo libre y la educación pública y obligatoria, la población cuenta con mayor tiempo para pensar (o hablar internamente) y para colmo, estos pensamientos son de mayor complejidad que en el pasado. El ser humano contemporáneo debe aprender a utilizar mejor el lenguaje, si no, está paradójicamente condenado a la autodestrucción. De ahí emergen términos como rumia, hiperreflexión, actividad mental y todos los auto- que priman en las secciones bibliográficas de autoayuda (autoestima, autoimagen, autoconcepto, autoconfianza, etc.) 

Es por ello que tener las necesidades básicas cubiertas ya no es suficiente en esta nueva época. Si bien, si que es recomendable, y tratar de agradecerlo mejora el ánimo, no es ni mucho menos la solución a este nuevo malestar. 

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