La mayoría de los niños suele desarrollar un repertorio verbal amplio con una aparente facilidad. A medida que descubren para qué sirve el lenguaje, empiezan a emplear palabras para obtener distintos tipos de reforzadores mediante la mediación de otras personas de su comunidad verbal.
Dado que su entorno aún es muy novedoso, sus primeras interacciones verbales suelen consistir en señalar objetos que después el interlocutor nombra.
Poco después, los niños sustituyen el gesto por la pregunta «¿qué es esto?». De este modo van adquiriendo conocimientos sobre el ambiente, diferenciando estímulos y afinando sus discriminaciones. Conforme el entorno se vuelve más complejo, también aumenta la diversidad y sofisticación de la conducta verbal.
Aunque en condiciones típicas este aprendizaje parece sencillo y espontáneo, en realidad resulta de miles de episodios de interacción entre el niño y su comunidad verbal (padres, cuidadores y compañeros).
Solo cuando algún factor limita estas oportunidades de aprendizaje se hace evidente la necesidad de un análisis detallado de los procesos implicados. Tales factores pueden ser de origen biológico o ambiental, pero interpretarlos como señales de una incapacidad irreversible para adquirir conducta verbal conduce al estancamiento.
La perspectiva analítico-conductual, derivada de la propuesta de Skinner, se orienta más bien hacia la aplicación de técnicas especializadas, habilidades específicas y esfuerzos intensivos.
Reflexión extraída tras leer Conducta Verbal de Skinner (Vicente Pérez, 2023).
Comentarios
Publicar un comentario