Por recordar un poco, Kepler es un astrónomo del siglo XVI que estudió a Copérnico y otros astrónomos (Ptolomeo, Brahe...).
Su aportación principal fueron las tres leyes sobre las órbitas de los planetas.
Imagina por un momento que vives en la época de Johannes Kepler y la mayoría de los profesores y adultos que te rodean afirman de manera rotunda que la Tierra es el centro del universo. Y no solo eso, sino que los planetas y el sol giran alrededor de la Tierra. Y aún hay más, giran en círculos perfectos, no en forma elíptica.
El caso es que, tras muchas mediciones con los aparatos de la época, Kepler consigue romper con la idea de que los planetas orbitaban en círculos. Esto le permite formular la primera ley, que dice así:
Todos los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo trayectorias elípticas, en lugar de circulares.
A partir de la primera ley, consigue descubrir la segunda ley, que es un poco más compleja:
Una línea imaginaria (radio vector) que une un planeta con el Sol barre áreas iguales en intervalos de tiempo iguales.
Así, con sus dos leyes, dedica los siguientes años a seguir midiendo tiempos y distancias de los planetas. Noche tras noche de observación y archivos de documentos e información sobre las órbitas de los planetas...
A raíz de sus descubrimientos, tiende a decantarse cada vez más; se decantaba por un modelo heliocéntrico del sistema solar, o lo que es lo mismo, imaginaba que la Tierra no debía ser el centro del sistema solar y que nosotros nos movíamos también igual que los demás planetas.
Esto era una locura para la época, ¿cómo íbamos a movernos igual que Marte o Venus? Si así fuera, las nubes se irían hacia un lado y tendríamos que notar, aunque fuera mínimo, algún empujón hacia el oeste. Y encima, ¿quién iba a sujetar la tierra en el aire durante tantos años?
Pero Kepler tenía que intentarlo; los datos estaban allí. Y el único modelo teórico (no empírico) que apoyaba sus datos era el modelo heliocéntrico. Hubiese dado lo que fuera porque apareciera otro modelo teórico más intuitivo que el de la Tierra como planeta flotando, pero no lo tenía.
Así, apostó por este modelo teórico (que era el único que le servía) y se vio obligado a dar esta hipótesis por válida, al menos para poder interpretar los datos de alguna manera.
Y vualá, partiendo de este modelo hipotético, pudo formular la Tercera Ley de Kepler:
El cuadrado del periodo orbital de un planeta es directamente proporcional al cubo de la distancia promedio al Sol.
Las implicaciones que esta ley tiene ya son historia...
Pero a lo que vamos, ¿qué tiene que ver esto con un psicólogo?
Bueno, ¿qué haces cuando aparece un paciente por la puerta de la consulta pidiendo ayuda?
Si fuéramos puramente empíricos, seguramente le obligaríamos a quedarse en la consulta durante mucho tiempo hasta liberarlo, y una vez fuera libre le pondríamos una GoPro en el pecho que pudiera grabar todas las respuestas que emitía y estímulos de su entorno. También podría anotar sus pensamientos, emociones y sensaciones cada momento.
En definitiva, dedicaríamos horas y horas a medir muchos parámetros de su comportamiento: cantidad de respuestas X, intensidad de las respuestas, frecuencia, duración, latencia, estímulos más sensibles, estímulos mínimos perceptibles, grado de habituación, etc.
Pero ya sabes que no podemos hacer eso; la terapia debe ser eficiente y debemos garantizar el mínimo uso de recursos para el máximo beneficio de la persona.
Pues yo pienso que tenemos que hacer un poco como Kepler, necesitamos un modelo teórico que nos diga qué narices es el comportamiento humano y cómo funciona. No nos vale con tener datos que nos digan lo que funciona y lo que no. Necesitamos leyes comunes. Igual que todos los planetas comparten leyes, también ocurre así con el comportamiento humano.
¿Por qué no les damos el valor que se merecen?
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